Te imagino ahí sentado, de frente a la ventana mirando hacia fuera. Algo inclinado sobre la mesa. El cigarrillo en la mano derecha, sosteniendolo con tus dedos índice y medio, mordiéndote la puntita del dedo gordo, el borde de la uña. La mirada perdida, los ojos fijos. No se si me estas observando o simplemente tu mirada vaga por los ángulos varios del lugar.
Ahí delante estoy yo, queriendo tocarte con la punta de mis dedos, tu brazo izquierdo, que reposa sobre la mesa. Apoyado desde el codo hasta la punta de ese dedito largo y gordito, que me encantaría morderte en medio de un juego. Muevo mis manos, mis brazos, de un lado al otro de la mesa. Corro el vaso, hago a un costado la bandeja, la taza. Tu atado de cigarros y el encendedor, tu celular y el mío, a un simple costado, quedando fuera del lio que armo queriéndote tocar…
-Pitu, dejá de moverte…-te escucho decir, al mismo instante que yo intento mantener quietos mis brazos, largos y odiosos.
Los nervios me comen, me transforman. No, me trastornan, eso hacen. Me vuelven loca. Que si, que no; ni blanco ni negro. Nada.
-¿Querés un chocolate caliente? – pregunto con la voz temblorosa.
-No, gracias. Voy a terminar el pucho primero…- decís, un tanto frío y distante, pero sonreís de costado, dándome una pauta simple y alentadora.
Comenzas a mover los objetos, como yo hacía minutos atrás. Para un lado y otro. Bajas la mirada, sobre la mesa, luego la levantas y me ves a los ojos, recordando mis dichos tan famosos: “Mirame gordo, mirame…no dejes de mirarme…nunca dejes de mirarme…” y volvés a sonreír.
Charlamos de algún que otro tema y mis dedos vuelven a la carga. Voy directo al grano, quiero tocar los tuyos. Voy de a poco. El costado de tu mano derecha, tu dedo índice de la mano izquierda. Tu cigarrillo se consume en el cenicero, ya no tiene importancia. Solo se va gastando.
Y toda la fantasía dejar de serlo, deja de estar presente para darle paso a nuestra realidad, el frente a frente. El cara a cara. Haces una mueca, y yo te respondo. Te miro, corro la mirada, observo intranquila a mi alrededor, a medida que sigo usando el tacto.
Me acerco, arqueo la espalda, y mi nariz casi llega a rozar la tuya, la situación resulta familiar…tantas veces me pareció vivirla que ya no la diferencio, hasta que el olfato juega su papel. Tu perfume suave y masculino, el aroma del cigarrillo y tu respiración.
Poco a poco, nuestras manos en el aire, los codos apoyados en la mesa, los dedos entrelazados. Es la primera vez que te siento tan cerca, y se siente tan lindo…!
Me levanto un poco más de mi asiento y te beso. Sin pensarlo, rápido. Me mantengo, pegada a tus labios. Suave y corto, seco y amable. Retiro despacio mis labios, retrocedo un poco mi cara, abro los ojos y te observo. Esas pestañas largas, tus ojos cerrados. Te soplo, para que reacciones, porque estas seco y duro, como si la sorpresa fuese preocupante.
Contenes la respiración, te quedas como un témpano de hielo y me asusto. No se si lo hice mal, si no querías que te besara o fuese un crimen lo cometido, pero te lo pregunto. Una negación me salva del suicidio lento.
Finalmente me sonríes. Yo no me muevo, sigo estando en esa posición congelada, con la nariz casi pegada a la tuya. Vuelvo a besarte, esta vez más apasionada, más personal, mas vos y yo. Me devuelves el beso, atrapando mi labio inferior, y luego el superior, jugando con ellos.
Estoy casi tirada sobre la mesa, antes de hacer caer algún vaso al suelo vuelvo a mi lugar. Te observo, de reojo y me hacés señas para pasarme de tu lado. Reacomodo las cosas, me levanto y voy.
Son solo dos pasos los que me quedan, que los hago flotando. No toco el suelo, no puedo. Saber que estas ahí conmigo es suficiente, saber que te encontré es todo lo que necesitaba.
Acomodados nos acercamos un poco más. Sentada como montando un caballo sobre el asiento, una pierna de cada lado [nena por favor!], pongo mi mano sobre tu rodilla de la pierna izquierda que se recuesta doblada en el lugar. La otra, doblada hacia el suelo, con la punta de tu zapatilla tocándolo, la rodilla en al aire. Tu cintura media doblada, inclinado sobre mí.
Un intento de beso fallido, nuestras cabezas no coinciden y nos reímos; y al segundo intento lo mismo. Para el tercero yo ya acomodé mi otra mano en tu nuca y te acerco. Te beso, una y otra vez, sin prisa y con ganas. Como dejar de hacerlo? Por dios!
[…]
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Estado: =(
Escuchando: “Cuando los sapos bailen flamenco” – Ella Baila Sola.
[ http://www.youtube.com/watch?v=PjH7XXdl5s4 ]
[ No me gusta el video, pero es el único que la música es original y no cantado o tocado por otros; simplemente escuchen el tema ]
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Y esto...es solo la primer parte...
Posteado: Sábado 15 de Septiembre de 2007.

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